
Lo que llamamos buena suerte es producto de la fuerza mental que ejercemos sobre una potencial realidad.
Aunque, después de llegada la modernidad, las mentalidades hayan cambiado por influencia de la Ilustración, se ha sabido, desde tiempos inmemoriales que el poder de la mente puede modificar la realidad.
De ahí que los círculos de oración, los conjuros, los rituales y hechizos pueden modificar las circunstancias, en favor de los rezadores y ejecutantes.
Por eso, si vas a empezar a trabajar alguno de los rituales que te mostraremos en este libro, considera realizarlos en grupo, siempre y cuando, cada uno de los acompañantes se comprometa a ejecutar cada uno de los procedimientos de manera concentrada, sin burlas, sin dudas, sin reproches; únicamente con la mente visualizando aquello que desea como hecho logrado.
Algunas persona dirán, entonces, tras esta explicación, que si la fortaleza está en la mente ¿para qué utilizar materiales específicos o realizar ritos precisos? Esto ha sido largamente teorizado por las ciencias antropológicas, sobre todo.
Aquello que uno imagina, aquello en lo que uno cree, es llamado por los antropólogos como “el imaginario”. Este solo puede ser proyectado (hay quienes hablan del término cristalizado) por los símbolos.
Por ejemplo, tenemos un imaginario o, para decirlo de una manera más cotidiana, tenemos una idea o creencia sobre lo que es el amor (o pasión) y solemos simbolizarlo como la imagen de un corazón o con el color rojo.
Si atamos una cinta roja alrededor de la foto de la persona por la que tenemos este sentimiento, el mensaje simbólico nos dirá que esa persona está ligada con nuestros sentimientos de amor.
Todos estos actos ligados a la imaginación están relacionados con la mente. La mente es fuerte y genera cambios. Por actitudes mentales podemos enfermarnos, curarnos, sentirnos felices o tristes, atraer a personas exitosas y radiantes o a individuos que pareciera que se desplazaran por la vida con su propia nube gris.
Los rituales simbolizan el proceso de transformación que nuestra mente desea dándole carne a aquellos deseos que solo Vivian latentes en nuestra mente.
Cotidianamente, realizamos, como parte de nuestra cultura, rituales. La ceremonia de matrimonio, de bautizo, de graduación, de juramento al recibir un nombramiento, de proclamación, [la lista sigue] son rituales. Pero estos son actos tan comunes que nuestra sociedad no los ve como actos mágicos y, mucho menos, como brujería, cuya carga de rechazo fue generada, sobre todo en el Medioevo con el fortalecimiento de las ideas católicas.
Las visualizaciones en los rituales favorecen aún más el fortalecimiento de la voluntad mental, que elaboran el cómo canalizar sus deseos para que se conviertan en realidad a través de sus acciones.
Si bien, cada elemento, material y condición del ritual que se efectúa tiene una razón de ser –puesto que, los elementos que se piden para cada cual no son producto del antojo de un mago, sino que simbolizan dentro de nuestro inconsciente colectivo ciertos imaginarios– es posible que los ejecutantes puedan hacer agregados dándole un toque personal al conjuro o ritual efectuado, puesto que ello los involucrará, aun más, en el acto mágico y potenciará la voluntad de su mente para generar los cambios que buscan.
(Tomado de El secreto del Pirulí y otros 99 hechizos para el amor y el sexo. Editorial Albricias)
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