
“El erotismo de los cuerpos
tiene de todas maneras algo pesado, algo siniestro.
Preserva la discontinuidad individual,
y siempre actúa en el sentido de un egoísmo cínico”.
EL EROTISMO. BATAILLE
La luna, es para el hombre, un elemento que representa a la mujer como un ente de seducción.
Hermosa por su sencillez aparente, guarda un misterio en su cara oculta y una melancolía autopoyética, originada y generadora de su soledad.
Hermosura, misterio y melancolía son también las armas que la mujer tendrá para ejercer su seducción, convirtiéndose en objeto de deseo pero paradójicamente, tornándose en dominatriz de aquel que pretendía poseerla.
Wilde con Salomé(1) coloca a la luna como esta mujer inalcanzable y deseada.
Para que el deseo se mantenga como tal, es necesario mantener lo deseado bajo cierto carácter de inalcanzable, sin que el extremo de una frustración rotunda lo haga olvidar del todo, sino, solo lo suficiente para animar una promesa de pronto gozo.
Por eso Salomé seduce con palabras a su joven sirviente, solo quiere usarlo para ser complacida en sus propios deseos: la tenencia del cuerpo de Juan El bautista, con quien se obsesiona, justamente, porque él la desprecia. Finalmente, esta seducción inicial hacia el sirio lo conduce hacia el suicidio cuando este comprende que ella, solo podría hallar satisfacción en la posesión del cuerpo de Juan(2), pero que al no lograrlo, decide continuar con su labor de seducción con Herodes para, finalmente, obtener lo que tanto quería: el cuerpo del Bautista aunque sea como cadáver(3).
La utilización del cuerpo del otro, “cosificándolo”(4), es una característica convergente entre las protagonistas de las tres historias: La condesa sangrienta (Pizarnick), Salomé y Carmille (Le Fannu).
La condesa Báthory logra excitarse sensual y sexualmente con el sufrimiento de las mujeres que secuestra para ejercer las más terribles torturas que siempre acabarán en muertes sanguinarias y dolorosas.
Ve en sus expresiones de agonía, el gesto del orgasmo y en la desnudez, la representación del despojo de caretas protectoras durante este, despojo que también se muestra en la muerte.
Sin embargo, hay un hecho interesante y reiterativo en cada una de las historias sobre la condesa, y es que todas sus víctimas sufren mordeduras, cortes, desagarros, pinchetas y todo tipo de flagelaciones en que la carne quedará herida en llagas y sangre. Lo mismo que en Carmilla durante su accionar vampírico. Esta penetración de colmillos bien podría ser la penetración fálica(5)en el cuerpo dominado.
Beber la sangre, bañarse con los fluidos de un cuerpo es también contactarse con este en su proximidad más íntima. Los fluidos son representaciones del cuerpo mismo. Beberse los fluidos del otro es comer el propio cuerpo del otro, absorber al otro por entero.
Carmilla, Salomé y La Condesa sangrienta tienen, desde cierta perspectiva, visiones unamunianas, si recordamos lo expresado en Del sentimiento trágico de la vida (Unamuno: 1912) en el capítulo Amor, dolor, compasión y personalidad, en el cual el amor es medido por el sufrimiento que provoca y “gracias al amor sentimos todo lo que de carne tiene el espíritu”.
Si el amor y el sexo son –para Unamuno- complementarios y potencian sus sinergias entre sí, en la aparente angurria sexual de las protagonistas de nuestras historias, hay un trasfondo de amor pasional llevado al extremo, por lo menos y aunque pueda verse paradójico, por quienes intentan poseer buscando la muerte del ser amado- deseado.
Sin embargo, cuando Unamuno dice: “por él buscamos perpetuarnos, y solo nos perpetuamos sobre la tierra a condición de morir, de entregar a otro nuestra vida”, dando a entender que el fin del amor es la procreación, expone su fuerte influencia católica de la que, a pesar de sus críticas, no habría podido desligarse.
La actividad sexual erótica es compleja porque es continuamente explorativa y creativa y son esos elementos los que principalmente la distancian de la actividad sexual reproductiva, que solo tiene la función pragmática de preservar la especie.
Nuestras historias son evidentemente de un corte erótico. Las relaciones lésbicas de Carmilla y de la condesa Báthory, así como el beso “inútil” que Salomé le da al cadáver de Juan, están alejados de una intención reproductiva para perderse meramente en el sensualismo.
Bataille dice, con respecto a este punto “la actividad erótica es antes que nada una exuberancia de la vida, el objeto de esta búsqueda psicológica, independiente de la aspiración a reproducir la vida, no es extraño a la muerte misma”(6).
NOTAS:
(1)El joven Sirio y el Paje de Herodías admiran la luna. Ambos la ven extraña y hermosa, de inmediato surge un paralelo de esta con la princesa Salomé. El joven sirio, compara la palidez de ambas, aunque luego será más directo al elaborar su simil y dirá: “tiene un aspecto extraño (la luna). Es como una pequeña princesa que luce un velo amarillo y cuyos pies son de plata.
Salomé también admirará a la luna pero marcará una distancia entre ella y ésta en su admiración, pues la verá incorruptible.
(2)El cuerpo representa la totalidad de este, incluso como embase de su alma. Por ello mismo, cuando logra tenerlo –la cabeza es el elemento más fuerte de representación de la identidad-, le hablará como si lo tuviera frente a sí, vivo y con voluntad. La posesión de la cabeza sangrante a la que le habla es la muestra extrema de su deseo consolidado: “No me dejaste besar tu boca, ahora te beso. Te morderé como la fruta madura…”.
(3)El cadáver es la expresión de la posibilidad de la trasformación de lo vivo en cosa.
(4)Se hace incapié en este término, para diferenciar el acto de utilizar el cuerpo del otro bajo la voluntad consciente del utilizado que en especie de trueque, también utiliza a la contraparte en busca de su propio placer.
(5)Obsérvese que tanto en la Condesa sangrienta como en Carmilla en que las víctimas son mujeres hay penetración de colmillos, mientras que en Salomé en que la víctima es Juan, no existe esta representación de posesión.
(6)Tusquets, 1era edición. México, 1997