
La gente habla mucho de sexo. Están como obsesionados. Pero lo descontextualizan, a menudo, del universo de las emociones como si el Hombre no fuera un todo.
El Hombre es mente con espíritu y con cuerpo. No es, simplemente, mente y espíritu y cuerpo porque no son tres condiciones que puedan separarse.
Esta no es una postura de moral conservadora en el que se vea con ojos de acusación a quien tenga sexo con parejas eventuales. Aquí, esto, no es lo importante, pero si es crucial comprender al sexo erotizado como una actividad exclusivamente humana.
Es el erotismo lo que nos separa del mundo salvaje. Los animales tienen sexo para reproducirse, para garantizar la continuación de la especie. Por lo tanto, poco importa que estos disfruten gozosamente del sexo.
El sexo lleno de erotismo es la búsqueda de lo trascendente. Se establece con el compañero una relación más allá de lo corporal. Se usan los cinco sentidos para disfrutarlo, y no solo durante el propio acto sexual sino también en los previos.
El kamasutra, escrito entre el 240 y el 550 d. C., recomienda a la mujer y al hombre prepararse previamente antes de recibir a su amante. Perfumes, vestimenta de bellos colores y textura agradable, inciensos, música, jugueteos previos que ayudarán a descubrir los puntos más sensibles, garantizan el buen goce sexual de la pareja.
La vida moderna de occidente ha contribuido a que se confunda mucho la actividad sexual con el coito.
Las parejas tienen poco tiempo para descubrir las gamas de placer sexual que su cuerpo físico-mental-espiritual puede brindarles. Se han centrado en lo físico, únicamente. Incluso, muchos terapistas lo recomiendan solo con la mirada corporal: que ayuda a estar en forma, que es bueno para el aparato circulatorio, que reduce el estrés, que aumenta las defensas del organismo, que evita el cáncer, ayuda a dormir y mejora la postura; como se ve, solo se han centrado en los beneficios físicos.
Mediante el sexo, también, se puede reencontrar uno con sus emociones más íntimas y ocultas.
Un orgasmo logra desinhibir tanto que, muchas veces, puede lograr que las mujeres se pierdan en un profundo llanto, no de tristeza, sino de conmoción emocional, bastante similar a la de una felicidad descomunal.
Los hombres pueden lograr, también, esta experiencia. El orgasmo del hombre no necesariamente tiene que ir de la mano con la eyaculación. De hecho, mientras más se logra retrasar la eyaculación, el orgasmo, aun sin esta, será más potente, e incluso, después de “llegar” el hombre podrá beneficiarse de una erección mantenida que tampoco tiene porqué suspenderse con la eyaculación.
Osho decía sobre la experiencia orgásmica, lo siguiente: “La realización que se alcanza en el orgasmo incluye dos elementos: la ausencia de ego y la ausencia de tiempo. El tiempo se congela y el ego se evapora. Debido a la ausencia de ego y a la detención del tiempo, obtenemos una clara visión de nuestro propio Yo: nuestro verdadero Yo”.
Esta descripción que hace el maestro hindú sobre el orgasmo es lo más cercano a una descripción sobre la experiencia lograda a través de la meditación. Una capacidad más que diferencia al hombre de las bestias.
Llegar a la meditación requiere el conocimiento de ciertas técnicas que muchos desconocen. Por ello, puede llegar a ser mucho más sencillo y, quizá, placentero, la experiencia orgásmica a través del sexo, que la meditación.
La meditación y el clímax sexual generan estabilidad emocional, reducción de ansiedad y disminución de la depresión, entre sus principales beneficios. De aquí parten todos los demás beneficios físicos mencionados, anteriormente y difundidos por los especialistas occidentales.